Trabajo con niños desde el juego, el cuerpo y la creatividad —el lenguaje que más les pertenece. El proceso incluye siempre a la familia como parte fundamental del acompañamiento.
En la infancia —especialmente en los primeros años—, el lenguaje verbal todavía no es la vía principal de comunicación emocional. Los niños nos dicen lo que les pasa a través de cómo juegan, cómo dibujan, cómo se mueven y cómo reaccionan. Trabajo desde esa puerta.
El enfoque se adapta siempre a la edad y al momento de desarrollo: con los más pequeños, el juego simbólico y la expresión plástica son el canal principal; con niños mayores (a partir de los 9-10 años), la palabra tiene ya más peso y las técnicas se ajustan en consecuencia.
La familia es parte activa del proceso. Trabajo conjuntamente con madres, padres y, cuando procede, también con el entorno escolar o con el pediatra, para que los cambios que se generan en consulta tengan continuidad en el día a día.
No es necesario que los síntomas sean graves o persistentes. A veces es suficiente con notar que algo ha cambiado o que no termina de encajar.
Miedo a la oscuridad, a separarse, a ir al colegio, a enfermar. Miedos desproporcionados para la edad.
Rabietas intensas, agresividad, desobediencia persistente, dificultad para aceptar límites.
Bajo rendimiento, problemas de concentración, negativa a ir al colegio, conflictos con compañeros.
Tristeza, apatía, pérdida de interés en actividades que antes gustaban, cambios de humor sin causa aparente.
Accidentes, enfermedades, pérdidas, cambios familiares importantes o situaciones de abuso.
Divorcios, cambios de hogar, nuevas estructuras familiares. Ayuda a que el niño lo integre con seguridad.
Dolores de tripa, cefaleas, problemas de sueño sin causa médica clara. El cuerpo que habla cuando no hay palabras.
Problemas de control de esfínteres más allá de la edad esperada, especialmente cuando aparecen tras un periodo de control adquirido.
Aislamiento, problemas para hacer amigos, dificultad para entender las normas sociales del grupo.
Pérdida de un familiar, de una mascota, de un contexto conocido. Ayuda para que el niño pueda elaborarlo a su manera.
Comienzo siempre con una sesión sin el niño para entender la historia, las preocupaciones y el contexto familiar. Esta información me ayuda a orientar el trabajo desde el principio.
Sesiones de 45-50 minutos donde trabajo a través del juego, el dibujo, el cuento y el movimiento. El niño no necesita "hablar de sus problemas": el juego ya lo hace por él.
Sesiones periódicas con los padres para compartir orientaciones, ajustar el enfoque en casa y asegurar que el proceso tenga continuidad fuera de la consulta.
Cuando tiene sentido clínico, coordino con tutores, orientadores escolares o el pediatra del niño para que el acompañamiento sea coherente en todos los contextos.
Un niño no puede poner en palabras lo que le pasa, pero sí puede mostrarlo en el juego. Mi trabajo es leer ese lenguaje y acompañar a la familia para que también sepa leerlo.
La modalidad presencial es la preferible en terapia infantil, especialmente para los más pequeños. La consulta cuenta con materiales y espacio adaptados.
Posible para niños de más de 7-8 años y en situaciones donde la presencialidad no sea viable.
Escríbeme con lo que estáis observando. A veces con un par de líneas ya podemos ver si tiene sentido iniciar un proceso y cómo orientarlo.