Acompañamiento a chicos y chicas de 12 a 18 años que están en uno de los momentos de mayor transformación vital. Un espacio propio donde poder pensar lo que les pasa sin que nadie les diga cómo tienen que sentirse.
Es un periodo de reorganización profunda: de la identidad, del cuerpo, de los vínculos. Lo que parece "rebeldía" o "mal humor" muchas veces es una señal de que algo necesita espacio y atención.
Trabajo con adolescentes desde el respeto a su autonomía. El espacio es suyo: confidencial, sin juicios, sin la presión de los adultos que les rodean. La familia aparece cuando tiene sentido clínico, siempre con el consentimiento del o la adolescente.
También acompaño a padres y madres que no saben cómo acercarse, cómo poner límites sin distanciarse, o cómo sostener a su hijo o hija en un momento que también los desborda a ellos.
Cada adolescente llega con su historia. Esta es solo una orientación de los temas que suelen aparecer.
Nervios antes de exámenes, preocupación constante, sensación de no poder con todo.
Comparación permanente, inseguridad ante el grupo, sensación de no valer o no encajar.
Preguntas sobre quién soy, qué quiero, cómo me identifico. Sin respuestas apresuradas.
Conflictos con amigos, dinámicas de exclusión, dificultad para establecer vínculos seguros.
Miedo al fracaso, perfeccionismo, bloqueo en los estudios, dificultad para concentrarse.
Tensión con los padres, sensación de no ser entendido, dificultad para comunicarse en casa.
Tristeza persistente, apatía, pérdida de interés en lo que antes gustaba.
Emociones muy intensas, explosiones, dificultad para calmarse o pedir ayuda.
Situaciones del pasado que siguen pesando: pérdidas, acoso, experiencias que no se han podido hablar.
Autolesiones, conductas de evitación, uso problemático de pantallas o sustancias.
Inicio con una sesión familiar breve para entender el contexto y las preocupaciones. Después, el espacio pasa a ser del adolescente.
Sesiones semanales de 50 minutos con el o la adolescente. El contenido es confidencial, salvo riesgo real para su seguridad.
Cuando tiene sentido clínico, incluyo sesiones de orientación parental o de coordinación familiar, siempre con el consentimiento del adolescente.
El proceso termina cuando se han logrado los objetivos. El cierre es gradual, dejando la puerta abierta para etapas vitales futuras.
Los adolescentes no necesitan que les digamos cómo sentirse. Necesitan un espacio donde poder sentirlo sin que se lo expliquemos, y donde alguien adulto no les pida que ya estén bien.
Consulta privada en pleno centro de Madrid. Bien comunicada por metro y autobús para que el adolescente pueda venir de forma autónoma.
Opción muy válida para adolescentes que prefieren la comodidad de su espacio o que viven fuera de Madrid.
Si eres el padre o la madre, cuéntame en pocas líneas qué os trae. Si eres el o la adolescente y quieres escribirme directamente, también puedes hacerlo.